INTERVENCIO EN CONDUCTES PROBLEMÀTIQUES

III Congreso “La Atención a la Diversidad en el Sistema Educativo”. 
Universidad de Salamanca. Instituto Universitario de Integración en la Comunidad (INICO) 
INTERVENCION EN CONDUCTAS PROBLEMATICAS 
Ricardo Canal Bedia 
Universidad de Salamanca 
Frecuentemente se ha dicho que la cantidad de espacio que se dedica a un tema es 
inversamente proporcional a la comprensión que tenemos de ese tema. Esta afirmación 
general cobra especial importancia en el caso particular de los problemas de 
comportamiento, entendidos como todas aquellas conductas peligrosas, molestas o 
disruptivas para el propio sujeto o para los que le rodean, que impiden o dificultan el 
acceso de ese sujeto a programas educativos, al empleo o a actividades ocupacionales, o 
a su integración en la comunidad. Por una parte, es mucho lo que se ha escrito y lo que 
se ha investigado sobre esta cuestión, habiendo gran cantidad de libros, artículos y 
revistas sobre las conductas problemáticas tales como agresiones, las autolesiones o las 
rabietas. Pero, por otra parte todavía es mucho lo que se desconoce y muchas las 
lagunas existentes, sobre todo en lo que se refiere a la manera de hacer frente a todas 
estas conductas inadecuadas que nos causan tantos problemas debido a que no sabemos 
qué es lo que tenemos que hacer para poder controlarlas y que desaparezcan. Durante 
muchos años, se han llevado a cabo grandes esfuerzos para solucionar todos estos 
problemas de comportamiento, aunque la mayoría no sólo no han tenido el éxito que se 
esperaba, sino que a veces han fracasado. Las razones no hay que buscarlas única y 
exclusivamente en el procedimiento empleado, sino que este fracaso puede ser debido a 
distintas causas: 
puede que los procedimientos de intervención empleados hayan sido o sean 
ineficaces 
puede que los procedimientos de intervención empleados sean eficaces pero 
demasiado costosos, no sólo en lo que se refiere a los recursos necesarios sino 
también al tiempo que hay que dedicar para llevarlos a cabo 
puede que los procedimientos de intervención empleados sean eficaces pero que no 
se hayan descrito ni difundido lo suficiente, de manera que otras personas 
interesadas en estos asuntos también puedan aplicarlos con garantías de éxito 
puede que los procedimientos de intervención empleados sean eficaces en unas 
situaciones pero no en otras, sin que se hayan podido determinar las condiciones 
bajo las cuales son eficaces y las condiciones bajo las que no lo son
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puede que los procedimientos de intervención empleados sean eficaces a corto plazo 
pero que los cambios no perduren a lo largo del tiempo y no sean estables. 
La necesidad de mejorar la aplicación de los procedimientos de intervención 
supuso un gran reconocimiento de aquellas primeras intervenciones basadas en un 
cuidadoso análisis funcional de la conducta problemática. A finales de los años 70 (Carr 
1977), y aún hoy en día, el concepto de análisis funcional ha ido transformándose en 
una tecnología práctica que sirve de guía para la elaboración de intervenciones 
conductuales (Bailey & Pyles, 1989; Gardner & Sovner, 1994; O’Neill, Horner, Albin, 
Storey, & Sprague, 1997; Reichle & Wacker, 1993). El resultado principal ha sido una 
difusión de las intervenciones que van más allá de la simple manipulación de las 
consecuencias para pasar a incluir por una parte la modificación del contexto antes que 
la conducta problemática suceda, y por otra parte enseñar conductas alternativas 
apropiadas como una estrategia eficaz para reducir esas conductas no adecuadas 
socialmente. El apoyo conductual no supone tanto elegir un determinado proceso de 
intervención, sino que más bien implica la construcción de un conjunto comprehensivo 
de procedimientos que incluyen cambios del contexto para hacer la conducta 
problemática ineficaz, y la manipulación de consecuencias para asegurar que la 
conducta adecuada se refuerce mejor y con más frecuencia. Un apoyo conductual 
efectivo no se dirige solamente a reducir las conductas problemáticas, además debe 
enseñar conductas adecuadas socialmente, hacer que los cambios sean estables, se 
generalicen a todas aquellas situaciones que la persona puede encontrarse y permita 
mejorar la calidad de vida. 
Estas son las claves del concepto de Apoyo Conductual Positivo. El Apoyo 
Conductual Positivo (ACP) surge como un enfoque alternativo a los planteamientos 
clásicos de modificación de conducta basados en el uso de técnicas aversivas y no 
funcionales, de manera que no es solamente un conjunto de procedimientos funcionales 
y no aversivos destinados a reducir o a corregir el comportamiento problemático, sino 
que es un enfoque que va más allá de lo que es el mero análisis conductual y hace 
hincapié en la modificación del contexto en el que se encuentra el problema. Por tanto, 
su objetivo principal no consiste sólo en reducir la conducta problemática sino también 
en conseguir un cambio de estilo de vida del sujeto, respetando su dignidad, 
potenciando sus capacidades y ampliando sus oportunidades para mejorar su calidad de 
vida.
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La premisa fundamental de la filosofía subyacente de este enfoque es que las 
deficiencias que existen en el ámbito vital de un individuo y las deficiencias en su 
repertorio comportamental adaptativo son los factores principales responsables de la 
conducta problemática, y que por lo tanto, el esfuerzo se debe concentrar en identificar 
y modificar estas deficiencias que constituyen el contexto del problema en lugar de la 
conducta problemática per se, que se ve simplemente como un efecto de un contexto 
problemático (Carr, Carlson, Langdon, Magito-McLaughlin, & Yarborogh, 1998). 
Sus características principales son las siguientes: 
- Considera a los padres o profesores no solamente como ayudantes, sino como 
participantes activos y personas que colaboran con los expertos. 
- Pone de relieve la prevención. 
- En lugar de centrarse en la eliminación o reducción de la conducta problemática 
y en las situaciones específicas que la provocan, trata de modificar los contextos 
en los cuales se encuentran los problemas, contextos que pueden ser de dos 
tipos: deficiencias relacionadas con las condiciones ambientales y deficiencias 
relacionadas con el repertorio comportamental. La conducta problemática tiene 
lugar por alguna razón, y no es el resultado de la discapacidad de la persona. 
- Utiliza la evaluación funcional no sólo para conocer cuándo es más probable que 
tenga lugar la conducta problemática y qué sucesos pueden mantenerla, sino 
también para establecer una relación directa entre los resultados del análisis 
funcional y el programa de intervención. 
- Trata de enseñar al sujeto formas adaptativas de alcanzar los propósitos que 
antes lograba mediante su comportamiento problemático 
- Implica una distinción entre procedimientos de emergencia o crisis (que tratan 
de poner fin a una situación que puede se peligrosa para el sujeto o para otras 
personas u objetos que le rodeen) y la intervención (que produce un cambio 
positivo y estable en el tiempo al enseñar al sujeto formas adaptativas y estables 
de lograr sus propósitos) 
- Las características de las intervenciones de un enfoque ACP son tres: son 
educativas, son de orientación sistémica y son multicomponentes.
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- El objetivo principal del ACP es ampliar y mejorar el estilo de vida del 
individuo, en lugar de reducir su comportamiento, pues se parte de la idea de que 
una vida significativa, interesante y normalizada constituye un contexto en el 
que la conducta problemática es innecesaria e irrelevante. Por lo tanto, el cambio 
y mejora del estilo de vida, basándose en los valores de la persona, el respeto a 
su dignidad, sus preferencias y sus aspiraciones, produce un efecto secundario 
importante, concretamente, la reducción de la conducta problemática. 
- La intervención no se termina nunca, de manera que la red de apoyos de un 
sujeto sigue funcionando durante años e incluso durante décadas, es decir, este 
enfoque prefiere la planificación a largo plazo para la vida de cada persona con 
discapacidad en lugar del manejo de crisis a corto plazo. 
- La intervención se diseña en colaboración con quienes proporcionan 
normalmente los apoyos para conseguir un buen ajuste contextual, es decir las 
exigencias del plan de apoyo deben: ser sensibles a los objetivos y valores de los 
miembros que forman el equipo de apoyo, hacer uso de los conocimientos y 
experiencias de los mismos, y c) ser compatible con las actividades y rutinas 
diarias que se llevan a cabo en los diferentes contextos (hogar, colegio o lugar de 
trabajo y comunidad). Un buen ajuste contextual se traduce en un aumento de la 
satisfacción de la persona, además de contribuir a la obtención de éxito a largo 
plazo. 
Hay seis tesis fundamentales o principios básicos que hay que tener en cuenta a la 
hora de llevar a cabo una intervención sobre el comportamiento problemático y de 
poner en marcha los procedimientos del ACP. En ellos se resumen las principales ideas 
y la filosofía de este planteamiento. Son los siguientes: 
- La Conducta Problema Generalmente Cumple un Objetivo para la Persona que la 
Manifiesta 
Muchas veces nos referirnos a la conducta problemática como "aberrante", 
"psicótica" o "inadaptada". Estas expresiones se han venido utilizando en décadas 
pasadas, hoy no es del todo apropiado hablar de conductas desajustadas, inadecuadas, 
perturbadoras. Las razones que sustentan este cambio de denominación se basan en el 
intento de encontrar un término más descriptivo de las dificultades que suponen para la 
persona y los profesionales este tipo de conductas y de evitar, al mismo tiempo la
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descalificación de la persona. Las conductas problemáticas puede ser adaptativas, suelen 
servir a una función para la persona que las desempeña y precisamente por eso son tan 
estables y aparecen con tanta frecuencia. Toda conducta, ya sea adecuada o inadecuada, 
ocurre porque normalmente tiene un propósito o una finalidad para la persona que la 
realiza, es decir, la conducta problemática resulta útil a esa persona. Se considera que la 
conducta problemática es un medio (aunque un medio inadecuado) que utiliza la 
persona para comunicarse y para poder influir en los demás y conseguir aquello que 
desea, ya sea atención, afecto y objetos o realizar una actividad; así como también para 
evitar cosas que no desea como dolor, malestar, aburrimiento y fracaso. 
- La Evaluación Funcional se Utiliza para Identificar la Finalidad de la Conducta 
Problema 
Como la conducta problema tiene una finalidad para la persona que la realiza, no 
se puede cambiar con garantía de tener éxito a largo plazo, si no se sabe o si no se 
identifica cuál es esa finalidad. Este proceso, en términos científicos, se denomina 
"análisis funcional" o "evaluación funcional". Para poder intervenir de manera eficaz, el 
primer paso y el más difícil es realizar una buena evaluación funcional. Su objetivo es 
recoger información contextual, tanto general como específica, que permita identificar 
la función o propósito que tiene la conducta para el individuo, comprender mejor a la 
persona y entender los aspectos generales que pueden estar influyendo en su conducta, 
con el fin de poder elaborar un plan de apoyo conductual. Los instrumentos que se 
pueden utilizar para recoger y ordenar la información son muy variados y dependerán 
de las posibilidades y medios de que disponga cada equipo de apoyo. En general, los 
instrumentos más utilizados son las sesiones de discusión en grupo estando presentes las 
personas relevantes para el individuo; las entrevistas a profesionales y familiares; la 
revisión de informes y planes de actividades existentes; y algunos instrumentos 
estandarizados (especialmente para evaluar habilidades comunicativas y sociales, y 
otras habilidades adaptativas relevantes). Esta evaluación es un proceso continuo, ya 
que a lo largo de la intervención pueden producirse diversos cambios que hagan 
necesarias nuevas evaluaciones: pueden darse cambios en el entorno del sujeto en el 
sentido de que se van personas familiares o entran otras nuevas; puede haber cambios en 
el grupo de referencia; o en las preferencias de la persona, pueden cambiar los 
horarios...
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- El Objetivo de la Intervención es la Educación, no Simplemente la Supresión de la 
Conducta 
La consecuencia más importante que se deriva de la evaluación funcional es que 
la intervención en problemas de comportamiento implica la educación. Debido a que 
una conducta problemática, a menudo, cumple una finalidad para el sujeto, el objetivo 
principal de la intervención es algo muy claro y muy básico: enseñarle nuevas formas de 
influir en las otras personas, de manera que dichas conductas problemáticas ya no sean 
necesarias. Es decir, hay que enseñar conductas alternativas que sustituyan a la conducta 
problematica e inadecuada socialmente, ya que es muy difícil eliminar dicha conducta si 
no proporcionamos a cambio una alternativa. Los individuos pueden aprender a utilizar 
la comunicación para alcanzar los mismos objetivos que conseguían por medio de la 
conducta problemática. Pero hay que ser cuidadosos a la hora de elegir estas conductas 
alternativas, ya que cualquier conducta no es adecuada, sino que son adecuadas aquellas 
que cumplen dos requisitos básicos: 
que sean funcionalmente equivalentes a la conducta problematica, es decir que las 
dos conductas (adecuada e inadecuada) tengan el mismo propósito o la misma 
función, que sirvan para conseguir lo mismo, que produzcan los mismos efectos en 
los demás 
que sean específicas y realmente efectivas, es decir, que la conducta que se pretende 
enseñar (una forma nueva de comunicación) debe ser más eficiente que la conducta 
problemática en cuanto al esfuerzo que ha de realizar la persona, en cuanto a su 
comprensión por parte de las demás personas y en cuanto a la demora en el logro del 
propósito al que ha de servir, que la conducta problematica a la que sustituye. 
La enseñanza de habilidades alternativas, además, contribuye a que los cambios 
que se logren se mantengan a lo largo del tiempo, ya que la persona podrá lograr su 
propósitos sin utilizar la conducta problemática y afrontar con eficacia las situaciones 
problemáticas que se le presenten, siendo menos dependiente de las intervenciones de 
los profesionales. 
Este objetivo de intervención responde a un planteamiento educativo que 
contrasta claramente con el objetivo fundamental de intervención que había hace unos 
años. En el pasado lo único que importaba era eliminar las conductas problema 
mediante castigo y/o mediante el razonamiento, es decir, explicando a la persona que 
realizaba esa conducta inadecuada por qué su comportamiento es problemático, sin que
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en ningún caso se tratara de entender por qué ocurrían esos comportamientos ni se 
considerara que podían tener una función o un propósito para el individuo. Esta idea de 
funcionalidad de la conducta es particularmente cierta en el caso de que la conducta en 
cuestión ocurra con frecuencia y de modo previsible, es decir, bajo unas condiciones 
pero no bajo otras. En estas circunstancias ese comportamiento no puede identificarse 
como aleatorio, sino que más bien parece que sirve a un propósito determinado. Ahora, 
afortunadamente, está claro que no debemos contemplar los problemas de 
comportamiento de forma simple, como algo indeseable que hay que eliminar tan 
rápidamente como sea posible. Por el contrario, consideramos los problemas de 
conducta como una fuente de información esencial acerca de lo que es importante para 
una persona y, más aún, la existencia de problemas de comportamiento es, a veces, la 
única pista que tenemos para ayudarnos a descubrir lo que es importante para esa 
persona. Por eso, el primer objetivo debe ser comprender la conducta problemática y no 
simplemente eliminarla o reducirla. 
- Los Problemas de Comportamiento Generalmente Tienen Muchas Finalidades y por 
tanto Requieren Muchas Intervenciones 
Los problemas de comportamiento no se producen en el vacío, sino que tienen 
lugar en un contexto social que es la comunidad. En dicho contexto los problemas de 
comportamiento pueden tener muchas finalidades, y por tanto se necesitarán distintas 
intervenciones. Un mismo comportamiento problemático en unos casos puede tener la 
finalidad de obtener la atención de una persona concreta, en otros de obtener un objeto u 
algo que a él le agrada, y en otras situaciones diferentes puede utilizar ese mismo 
comportamiento problemático para evitar algo que le resulta desagradable o que no 
quiere hacer. Es importante tener presente que se han de enseñar tantas conductas 
alternativas como funciones se hayan identificado de la conducta problemática y no una 
para cada una, puesto que la misma conducta puede tener varias funciones y todas se 
habrán identificado en la evaluación funcional.  La intervención no puede ser un 
documento sin relación con otros aspectos de la vida de la persona, implica la 
manipulación simultanea de muchas variables. Por ello, es erróneo pensar que, 
utilizando un sólo procedimiento de intervención, se pueden solucionar todos los 
problemas de comportamiento de un sujeto en la comunidad. 
- La Intervención Implica Cambiar Sistemas Sociales, No Sujetos
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Como el contexto social es tan importante, la intervención no es algo que se hace 
a la persona con discapacidad sino, más bien, es algo que se hace con  la persona que 
tiene discapacidad. Esto es particularmente cierto con este modelo de intervención. 
Normalmente las personas que presentan alguna conducta problemática sufren, como 
consecuencia de ella, el distanciamiento, cuando no el aislamiento, de las demás 
personas En este contexto, la intervención no consiste simplemente en aplicar 
procedimientos específicos para cambiar la conducta de la persona con discapacidad, 
sino que implica un proceso mutuo de interacción recíproca que lleva a un cambio de 
conducta deseable por parte de todas las personas implicadas, es decir, implica cambiar 
las relaciones. La forma en que las personas con o sin discapacidad interactúan entre sí, 
es lo que se conoce como establecer una relación positiva. La relación positiva consiste 
por tanto, en demostrar a la persona que estamos dispuestos a relacionarnos con ella y a 
hacer que se sienta mejor en aquellos lugares donde conviva, aprenda o trabaje con 
nosotros. De esta manera se va creando una base sobre la que construir las habilidades 
comunicativas que reemplazarán a la conducta problemática. 
- El Objetivo Ultimo de la Intervención es el Cambio de Estilo de Vida 
El objetivo más amplio de la intervención es producir un cambio en la manera en 
que las personas viven su vida. No es suficiente reducir los problemas de 
comportamiento, en particular si el único resultado es conseguir un sujeto dócil, 
tranquilo, que no moleste. Frecuentemente, los problemas de comportamiento traen 
consigo un historial de exclusión, de segregación, de falta de control personal y estilos 
de vida empobrecidos. Por lo tanto, las intervenciones eficaces en estos casos deben 
mejorar la vida de la persona con discapacidad, para que ya no esté excluida, segregada 
y controlada por los demás; y deben permitirle influir en los demás sin tener que recurrir 
a esas conductas, así como participar directamente en la comunidad, y tener más 
oportunidades sociales, profesionales y de ocio, oportunidades que no tienen lugar en 
"enclaves especiales" exclusivos para la discapacidad, sino en el mundo más amplio de 
las personas sin discapacidad. Por lo tanto, los cambios en el estilo de vida abarcan 
desde la participación activa de los sujetos en sus barrios, escuelas, comunidades y 
contextos laborales, hasta unas relaciones sociales satisfactorias y significativas con la 
familia, los iguales y los demás miembros de la comunidad. Las intervenciones sobre el 
estilo de vida, al mejorar la calidad de vida de la persona, tienen un efecto preventivo y 
constituyen el trabajo necesario para crear un contexto favorable en el que cambiar la
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conducta problemática. Conseguir este cambio en el estilo de vida no es algo fácil, pero 
sí es posible. 
Nuestra meta debe cambiar y desplazarse desde la eliminación de 
comportamientos problemáticos que primaba en el pasado a la comprensión de su 
función, de modo que podamos elaborar una intervención diseñada para enseñar una 
forma nueva y adecuada de comportamiento. Todas aquellas personas que 
interactuamos con la persona con discapacidad, tenemos la oportunidad de cambiar esos 
comportamientos inadecuados, de manera que puedan adquirir comportamientos 
alternativos nuevos más aceptables. 
El procedimiento de evaluación llevado a cabo en todos los casos se basó en el 
propuesto por Carr et al., en el que se siguen tres pasos fundamentales: la descripción, la 
categorización, y la verificación: 
- la descripción trata de obtener, mediante la entrevista y la observación, una 
definición operativa de las conductas problemáticas del sujeto, así como una 
imagen clara y una descripción detallada de la naturaleza del problema, del 
contexto social en el que tiene lugar, y de la reacción que provoca en las 
personas presentes. La información recogida en fichas mediante este 
procedimiento permite generar hipótesis sobre las posibles variables que pueden 
mantener la conducta problemática 
- la categorización trata de organizar o clasificar en categorías toda la información 
recogida en la fase de la descripción, teniendo en cuenta los distintos propósitos 
de la conducta: obtener atención, obtener un objeto o una actividad, o evitación. 
Se podría añadir una categoría más donde se incluirían las fichas que no encajan 
en ninguno de los propósitos anteriores porque la conducta problemática no tiene 
un propósito social. A través de la categorización podemos observar que las 
conductas problemáticas tienen propósitos diferentes para cada sujeto, que la 
conducta problemática está mediatizada por variable sociales en la gran mayoría 
de las situaciones, y que la forma de la conducta problemática no ayuda a 
determinar el propósito. 
- la verificación trata de comprobar que realmente los propósitos que se han 
identificado son las verdaderas razones por las que un determinado sujeto realiza 
una determinada conducta problemática. Para ello, se manipulaban 
experimentalmente las variables ambientales que se consideraba mantenían la
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conducta problemática. Las sesiones de verificación consisten en proporcionar 
incondicionalmente en dos ocasiones el refuerzo que se supone que es el 
responsable de la conducta y en otras dos ocasiones mantener la situación tal y 
como se había registrado en la ficha de observación, procurando alterar estas 
situaciones. Si no se verifican las hipótesis hay que pensar en la posible 
influencia de sucesos contextuales, que van a favorecer la aparición de la 
conducta problemática. La verificación es el procedimiento técnicamente más 
complejo, por lo que se necesita tener conocimientos de los procedimientos de 
análisis funcional. 
Si durante el proceso de intervención surgen problemas, no hay que ignorarlos, 
pues el no tratar estas crisis puede dar lugar a que se vea amenazada la seguridad no 
sólo de la propia persona con discapacidad sino también de todos los que estén 
implicados en la interacción social. Hay cinco estrategias fundamentales para controlar 
estas crisis: proteger, inmovilizar al sujeto, ignorar, retirar, y proporcionar señales que 
susciten una conducta no problemática. Estos procedimientos, que no constituyen en sí 
mismos una intervención, tienen el modesto pero esencial objetivo de detener un 
comportamiento problemático que sea grave o peligroso para la persona o para quienes 
conviven en su entorno. Se tratan, por tanto, de procedimientos de emergencia, de 
estrategias reactivas destinadas a proteger al individuo o a otras  personas de riesgos 
físicos y su objetivo es “abrir una ventana” en el repertorio conductual de la persona 
para que pueda iniciarse el verdadero programa de intervención, constituido por los 
otros tres componentes de la intervención ya mencionados. 
En resumen y tal y como decía Edward Carr: “si usted interactúa con una persona 
con discapacidad que muestra una conducta problemática grave, tiene motivos para 
creer que puede cambiar esa conducta. Considerando propositiva la conducta de la 
persona y centrando sus esfuerzos en la educación, más que en reducir la conducta 
simplemente, tiene usted una excelente oportunidad de tratar con éxito el problema de 
conducta y ayudar a hacer que la vida de la persona con discapacidad se enriquezca y 
sea más feliz, y esta es la mejor recompensa para todos” (1977).
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